miércoles, 17 de agosto de 2016
On agosto 17, 2016 by Unknown No comments
La tristeza del corazón de Dios por el pecado de su pueblo
En los tiempos de Jeremías, el pueblo de Israel estaba en apostasía. Eso duró de hecho por varios años y los escritos de muchos de los profetas son en muchos casos, no por decir la mayoría, plegarias para que el pueblo se volviera y se arrepintiera por advertencias del juicio venidero. Desafortunadamente, el pueblo de Dios no respondió a estas advertencias. Leyendo algunos registros de Jeremías y Oseas nos demostrarán la gran tristeza y aflicción que le causó a Dios. Puede que esto suene sorprendente a nuestros oídos, ya que muchos, implícita o explícitamente, tienen dificultades para asociar a Dios con sentimientos que tenemos en las situaciones que nos pasan. Bien, la Palabra de Dios nos dice que estamos hechos a la imagen de Dios (Génesis 1:26) y también nos demuestra que podemos poner a Dios contento, complacido, molesto o triste. Si pensamos que nuestro comportamiento no tiene efecto en el corazón de Dios sino que solo agrega algunos puntos en nuestra contra o a nuestro favor entonces estamos totalmente equivocados. Podemos poner a Dios feliz o triste. Todo depende de nuestro comportamiento. En el caso de los Israelitas del tiempo de Jeremías y Oseas, podemos ver que habían herido el corazón de Dios seriamente.
2 CORINTIOS 5:21
21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.
MIQUESA 7:18-19
18 ¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia.
19 Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados. ¡Amén!
En Jeremías 8:18-9:3 Dios derrama su corazón revelando el efecto del comportamiento rebelde que su pueblo había provocado:
Esto no es la tristeza personal de Jeremías. Muchos comentaristas la presentan como tal pero una lectura al pasaje (ver específicamente las frases: “porqué me hicieron” “dice Jehová”) aclararían quien es Dios el que aquí habla. Es Dios el que expresa su corazón y sentimientos aquí. Es Dios al que provocaron Su ira con sus imágenes y el que quería dejarlos y llorar día y noche porque no Le conocían. Dios estaba terriblemente triste por el pecado de su pueblo. Y Dios se pone triste cuando nosotros pecamos. El Nuevo Testamento claramente nos dice “no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.” (Efesios 4:30). El espíritu de Dios puede entristecerse. Dios se pone triste cuando lo rechazamos. Cuando voluntariamente nos desviamos de Su camino para andar en otro lado, debido a pasiones personales y ambiciones; cuando en lugar de postrarnos ante Él y decir “que se haga Tú voluntad y no la mía” continuamos descuidadamente y sin temor de Él. El espíritu de Dios no es indiferente sino que se pone triste en tales casos.
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